
Isis no comía como antes y perecía no estar muy cómoda en su recién estrenado terrario, mucho más amplio y con una gran rama en su interior en donde podría agarrarse. Tras ver en varias ocasiones que la pitón intentaba escapar del nuevo hogar, Lucía decidió dejar la tapa abierta para que entrara y saliera a su gusto de modo que Isis no volvió a comportarse de manera extraña aunque cogió el hábito de dormir fuera del terrario. Sin embargo, seguía habiendo un problema, la pitón no comía.
Varios días después, Lucía se sorprendió una mañana al darse cuenta de que Isis se había subido a la cama y estaba extendida entre ella y su marido Miguel, algo a lo que no dio demasiada importancia pero hizo que tomara la determinación de llevarla al veterinario.
La decisión estaba tomada, Lucía cogió a Isis y la llevó al mismo lugar donde la compró. Allí explicó todo lo ocurrido y el veterinario, sin dudarlo, contestó: “Tenéis que sacrificarla”. Lucía no estaba dispuesta a deshacerse de Isis y como si de una patología médica se tratara, quería una ‘segunda opinión’ veterinaria, así que se cruzó medio Madrid para salvar a su querida mascota.
Lucía no lo podía creer, el segundo experto le aconsejaba insistentemente lo mismo que el anterior, que matara a Isis. Pero la pregunta era, ¿por qué? “Si la pitón ha dejado de comer y os la habéis encontrado extendida en la cama junto a vosotros es porque está haciendo hambre y os está tomando las medidas”.



































